¿Qué harías si me tocara la primitiva? ¿Me querrías más? Me quedaría con la mitad, me separaría de ti y me iría de casa a casa de mi madre. Muy bien pues me han tocado 12 euros; toma tus 6 y ya te estás largando …
Un empleado al saber la noticia de que su patrón había muerto en un accidente en el trabajo, pregunta a sus compañeros quién le daría la triste noticia a su esposa. Al preguntarles, les indica que tienen que ser cuidadosos y sensibles al comunicar la mala nueva. Pepo, quien era graduado de sicología, se ofreció y rápidamente procedió a llamar a la esposa de su patrón: Ring, ring, ring... ¿Bueno? Hola, ¿se encuentra la señora Martínez? Sí, ella le habla. ¡Usted acaba de ganarse 2 millones de dólares! ¡Cómo! ¿Pero cómo así? Al convertirse hoy en viuda, la compañía de seguros de su difunto marido, acaba de recibir la autorización para emitir el pago. ¡No! ¡Dios mío! ¡Sí señora! ¡Ni yo mismo lo creo.
Entra un borrachito al velorio de un señor, se dirige al ataúd, observa al difunto y comienza a llorar con mucho sentimiento y a decir: No somos nada, hip, no somos nada. Y así siguió llorando y diciendo esta frase, cuando se le acercó una de las personas que también se encontraba en el velorio y le preguntó: ¿Tanto quería a su amigo señor, que le duele mucho su muerte? El borrachito se vuelve y le contesta muy enojado: Que acaso no está oyendo que no somos nada, ni familia, ni amigos y ni siquiera conocidos.
El colmo de la pereza En un pueblo, en el que abundaba el trabajo y la comida, un perezoso estaba a punto de morir de hambre. Se reunieron el alcalde, el párroco, el consejo municipal y el defensor del pueblo, y por unanimidad acordaron enterrar vivo al perezoso; porque para el pueblo sería un desprestigio que alguien muriera de hambre. Cogieron cuatro orillos, armaron un cajón, metieron al moribundo, y salieron con él rumbo al cementerio. Una señora preguntó: “¿Quién murió?”. “Nadie” –le respondieron; “¿y entonces a quien llevan ahí?” –insistió. “Al perezoso que lo vamos a enterrar vivo antes de que muera de hambre” –le explicaron. “No, no, no hagan eso –exclamó la señora–, yo con mucho gusto regalo un bulto de panela”, Otra señora regaló 100 gallinas; un señor, puso una carga de arroz, más un bulto de papas; un hacendado donó un barril de leche, 50 arrobas de queso, una carga de plátanos y otra de yucas. Todos, todos, todos los paisanos donaban, donaban y donaban comida por montones. Cuando iban llegando al cementerio desistieron del entierro porque el moribundo ya tenía comida suficiente para 100 años. El perezoso sacó la cabeza, y preguntó: “¿Quién va’cocinar todu’eso?”. “Pues, usted” –le contestaron. Y el hombre exclamó: “Entonces… ¡que siga el entierro!”.
Una señora llama a un periódico donde se dan todas las noticias, en este caso, era una noticia fúnebre: Por favor, ¿me podría decir usted si es tan amable, dónde anuncian a los que mueren? Pues sí, en la sección de esquelas. ¡Ahí mismo! Dígame. Mire usted: La defunción de un señor; apunte por favor. ¿Me da su nombre? Ricardo García. ¿Edad? 45 años. ¡Perdone señora! ¿Qué parentesco tiene con usted? Es mi marido. ¡Vaya, lo siento, señora! Eh, por favor, ¿me da la hora de la defunción? Mañana a las 8:00 horas, ¡Cuando aparezca el desgraciado este!.
Estaba María en un juzgado y el juez le pregunta: María, me han dicho que usted mató a su esposo. Y María le responde: Yo no lo maté, le voy a contar lo que pasó. Yo estaba lavando cuando el va y me empieza a tirar agua, y me dice: ¡Cómo que te llueve!, yo no dije nada. Luego me tira piedras y me dice: ¡Cómo que te graniza!, yo tampoco respondí nada. Después el cogió un látigo y me empezó a dar, y me dice: ¡Cómo que te relampaguea!. Entonces ya me dio rabia, cogí un machete y le di un solo golpe diciéndole: Como que te parte un rayo..
lunes 7 de noviembre de 2011
Estaba María en un juzgado y el juez le pregunta: María, me han dicho que usted mató a su esposo. Y María le responde: Yo no lo maté, le voy a contar lo que pasó. Yo estaba lavando cuando el va y me empieza a tirar agua, y me dice: ¡Cómo que te llueve!, yo no dije nada. Luego me tira piedras y me dice: ¡Cómo que te graniza!, yo tampoco respondí nada. Después el cogió un látigo y me empezó a dar, y me dice: ¡Cómo que te relampaguea!. Entonces ya me dio rabia, cogí un machete y le di un solo golpe diciéndole: Como que te parte un rayo..